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22.06.2007 - Artículo
Bajo cielos que se desatan, prevenir es también curar

abgebrannte Wälder«No podemos permanecer con los brazos cruzados esperando que se registre la siguiente catástrofe para actuar. La multiplicación de los desastres ligados al cambio climático trastornará en adelante el trabajo de las organizaciones humanitarias.» Madeleen Helmer habla con conocimiento de causa. La directora del Centro de Estudios sobre el Cambio Climático de la Haya, invitada de la Cruz Roja suiza, el 19 de junio, en el Museo de Historia Natural de Berna, vivió ya la alarmante subida del nivel del océano, cuando trabajaba en los años 90, en el seno de una ONG en el Pacífico.

Humanitarios que no sienten concernidos
«Durante mucho tiempo, reconoció, ha sido difícil comunicar lo que los científicos nos decían de las alteraciones del clima entre los humanitarios, ya que estos últimos simplemente no se sentían concernidos». Hoy día, el calentamiento climático no es ya un tema del futuro, sino un parámetro con el que es necesario contar y que constituye uno de los problemas más graves a los que el Planeta tendrá que hacer frente en el siglo XXI.

Prepararse ante la espiral ascendente de las calamidades
En este contexto, urge evaluar los nuevos riesgos y elaborar programas de prevención, tanto más cuando son, una vez más, los países del Sur los que se encuentran en primera línea. El aumento inexorable de las temperaturas acarrea una espiral ascendente de calamidades: inundaciones, sequías, ciclones, subida del nivel de los mares, rarefacción cualitativa y cuantitativa de los recursos hídricos, epidemias.
En diez años, las catástrofes naturales se habrán cobrado 600 000 vidas, y la ONU señala la cifra de 25 millones de personas desplazadas por causas medioambientales.

Limitar los daños y aumentar la resistencia de las poblaciones
La sensibilización respecto a este tema «candente», emprendida desde hace algunos años por la Cruz Roja y la Media Luna Roja, ha dado ya sus frutos sobre el terreno. «Entre 2003 y 2005, cita Madeleen Helmer a título de ejemplo, la Cruz Roja vietnamita llevó a cabo un programa de prevención de catástrofes que mostró su eficacia cuando, en menos de un semestre, tres grandes tifones se abatieron sobre las zonas costeras del centro y norte de Vietnam. A pesar de su gravedad, estos tifones causaron daños menos importantes y encontraron una población más resistente de lo acostumbrado, simplemente gracias a la eficacia de las medidas de vigilancia, de prevención y de acompañamiento adoptadas precedentemente.»

Un diálogo para formar partenaridos creativos
Estas estrategias proactivas, en respuesta al desafío que plantean hoy los sobresaltos del clima, implican pensar globalmente y actuar localmente, en un espíritu de concertación con los gobiernos, las comunidades concernidas, las organizaciones humanitarias, la sociedad civil. El diálogo instaurado se entiende, evidentemente, en el sentido de compartir los conocimientos, las experiencias y las informaciones, y es en torno a este diálogo cómo deben formarse imperativamente partenariados creativos.

La necesidad de un cambio de rumbo
Sin duda, el cambio climático, pero también, paralelamente, los recursos primos o fósiles con que contamos hoy día harán salir definitivamente al desarrollo sostenible del confortable casillero « medio ambiente » en el que algunos habían querido colocarlo con toda presteza. Andreas Kläy, miembro de la dirección del Centro para el Desarrollo y el Medio Ambiente del Instituto de Geografía de la Universidad de Berna, activo durante mucho tiempo por cuenta de la COSUDE en África, insistió en este aspecto: la sostenibilidad debe ser hoy día plenamente integrada en el desarrollo socioeconómico de los países industrializados. Este nuevo reparto significa claramente una toma de decisiones políticas valientes, emprendiendo un cambio de rumbo respecto al ideal de crecimiento exponencial sobre el que se ha fundado la sociedad de consumo.

¿Una ventaja para los países más pobres?
«Esta es la factura que nos pasan hoy los dos siglos de utilización intensiva de los recursos naturales; una factura desorbitada.», observó Andreas Kläy. Una factura que exige una reorientación hacia producciones menos costosas en energía y una redimensión de las necesidades. Para los países más pobres, este cambio de rumbo bien podría ser una ventaja, que abre un vasto campo particularmente a las energías renovables. Sin embargo, esto exigirá de parte de la Cooperación internacional que haga evolucionar su política consecuentemente. Paralelamente al saber técnico, a las competencias humanas y a los medios financieros, se tratará de promover instituciones capaces de acompañar a estos países pobres en su proceso de adaptación a una nueva gestión de los recursos, y ello actuando desde la escala individual hasta la estatal.

Los resúmenes del conjunto de las conferencias están disponibles en la dirección: www.redcross.ch (Dossiers Jornada Catástrofes medioambientales)